"Air Bud 4: el bateador de oro": otra peli de autobús…

Air Bud 4 es una de esas películas que te tienes que tragar porque sí en un autobús.

Aclaración: Air Bud 4 no es una película de dibujos animados. Está “interpretada” por personas reales, y en la que se pretende respetar las leyes físicas, químicas y biológicas de la realidad. Y sí, hubo tres anteriores Air Bud a ella.

La sinopsis es, resumiendo mucho, la historia de un perro que se convierte en un jugador de béisbol profesional.


El director llegó a la productora y le dijo al señor que decidiría si la película se llevaba a cabo o no:

―Oye, mira, que tengo una historia sobre el camino que recorre un perro para llegar a ser jugador de béisbol profesional.

―¿Es una peli de dibujos animados?

―En realidad, no.

Y en vez de sacarle de la productora a punta de pistola y bajo amenaza de muerte, el productor le dijo:

―¿Y cómo se llama la película?

―Air Bud.

―¿Y por qué?

―Pues porque sí.

―Estupendo. Toma un millón de dólares y haz esa fantástica película.

La película empieza mal.


Aparece la típica pareja de científicos maquiavélicos en el que uno tiene mala leche y piensa, y en la que el otro es tonto y no piensa. Están viendo fotos de perros y hablan algo sobre el “gen deportivo”―gen con amplias aplicaciones en el campo de la biología―de los perros, y que se van a forrar con él.

La protagonista de la película es una púber ñoña―palabra que, junto con ñu, no conoceríamos de no ser porque empiezan por ñ―cuya relación con su hermano roza el incesto.


En varios planos contados se observa como el hermano le mira los pechos descaradamente a la hermana, y la hermana a él el paquete. Probablemente porque fuera del rodaje estaban enrollados.

Bueno, pues la tipa ésta se coge una depresión porque su hermano se va a la universidad. Además otro de sus hermanos, un bebé―el único actor que hizo su papel con un poco de dignidad, y sólo porque se mea en la cara de la niña en una de las escenas―ocupa la atención de sus padres. Y además su mejor y única amiga con tendencias bastantes masculinas se enrola en el equipo de béisbol, y ella, como es una sin personalidad, va detrás. Y resulta que juega fatal. No como su amiga, que batea como su tuviera nuez en la garganta y se convierte en la mejor del equipo.

Y por fin aparece el perro: Bud. El perro, literalmente, enseña a jugar al béisbol a su desgraciada dueña, la niña ñoña. Y en menos de tres minutos (de película) la niña ñoña es toda una maestra del béisbol.

Toda esta historia es un excusa de los guionistas para meter al maldito perro en el equipo de béisbol.

En mitad de un partido, la amiga masculina de la niña ñoña se lesiona, y sale el perro a jugar. Así, sin más.

Yo no sé mucho de béisbol, pero me apuesto lo que sea a que en alguna parte del reglamento debe haber algo que diga que un maldito perro no puede ocupar un puesto de jugador.

Y el perro les mete una paliza a los contrincantes. El tío es capaz de todo: coger pelotas, batear (con un efecto por ordenador un poco chustero) y correr las bases.

¡Por favor! ¿Es que nadie se estaba dando cuenta de que era un maldito chucho? ¿Por qué demonios no protestaba el entrenador del equipo contrario? ¡Le hubieran dado la razón por huevos!

El clímax de la peli llega cuando los científicos ya nombrados se ponen a secuestrar a los perros―había otros perros a parte de Bud, que jugaban al baloncesto y al fútbol―, supongo yo que porque tendrían el “gen deportivo”. Que vale, nos tragamos lo del “gen deportivo” y la explicación de que a él se deben las habilidades de los chuchos, pero queda por explicar de donde proviene la enfermiza ñoñería de la niña.

Por supuesto, la niña acompañada de la amiga masculina lesionada van detrás de los malos y recuperan a los perros, Bud incluido, y regresan justo a tiempo para llevar a su equipo―que iba perdiendo―a la victoria en la final del campeonato. Y el hermano-novio de la niña ñoña, mientras, había regresado a casa sólo para ver el partido. Y todos son muy felices y los hermanos se dan un morreo fuera de plano mientras enfocan a Bud, con su atuendo de jugador de béisbol.

Nueve meses después, llaman a casa de la niña ñoña: es un equipo profesional de béisbol, y quieren a Bud, el perro, en sus filas. Y la peli acaba con Bud en un espectacular estadio de béisbol, en la pantalla gigante siendo proclamado el mejor jugador del equipo. Y la línea entre lo absurdo y lo estúpido ya ni se ve…

Moraleja uno: los incestos no son tan graves como nos habían hecho pensar las tragedias griegas.


Moraleja dos: si tienes el “gen deportivo” y eres un perro ningún sueño se te resistirá.

Y es que supongo que el hecho de no haber visto Air Bud, Air Bud 2, Air Bud 3 es lo que hizo que no comprendiera nada…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>